El intento de Alfonsín para echar a Bilardo, a 50 días del Mundial

Aquella selección jugaba mal y no daba garantías, al punto que no organizaba amistosos en el país porque Bilardo temía nuevos silbidos de los hinchas. Entre finales de marzo e inicios de abril de 1986, una gira por Francia, Italia y Suiza no despejó las dudas. “Debemos trabajar mucho en el tiempo que falta. Si no, esta puede ser una de las selecciones más feas de la historia argentina”, reconoció Maradona.

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Ya al regreso de Europa, en abril, Bilardo pudo haber perdido el puesto. El presidente de la Nación, Alfonsín, le pidió a su secretario de Deportes, Rodolfo O’Reilly -una gloria del rugby, entrenador de Los Pumas entre 1988 y 1990, pero sin raíces en el fútbol-, que “hiciera algo” para echarlo. El paroxismo de la polémica César Luis Menotti-Carlos Salvador Bilardo había alcanzado al jefe de Estado, hincha de Independiente, un club cuyos hinchas se posicionaban en la vereda opuesta a la de Bilardo.

-Alfonsín tenía un rollo anti Bilardo -recordó O’Reilly en 2015, tres años antes de su fallecimiento-. Me decía que Bilardo, cuando era jugador de Estudiantes, pinchaba con alfileres a Bernao (Raúl, delantero de Independiente). Pero además la selección era un desastre y Alfonsín me pidió que lo echara. Estábamos cerrando un tema importante, referido a los militares de la dictadura, y Alfonsín me dice: «Che, ¿cuándo vas a echar a Bilardo?». Le dije que estaba loco, que no podía, pero me dejé llevar y fabriqué un reportaje con Tiempo Argentino, que era un diario afín al gobierno. La excusa era la visita de un funcionario español para los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y al final el periodista me tenía que preguntar qué opinaba del seleccionado. Ahí dije: ‘No anda ni para atrás ni para adelante’. ¡Se armó un quilombo!

Aquellas palabras de O’Reilly fueron publicadas el jueves 10 de abril de 1986, a 51 días del inicio del Mundial. La nota comienza con temas coyunturales («¿Cuáles fueron los resultados de la reunión con el director de deporte de Iberoamérica?») y en las últimas dos preguntas apunta al blanco:

-Cambiando de tema, ¿qué opina sobre la selección?

-Para mí no anda ni para atrás ni para adelante -respondió el secretario de Deportes-. Cada vez que la veo, no me gusta nada como juega.

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-¿Pero usted tiene atribuciones para realizar un cambio de técnico?

-Yo no tengo jurisdicción ni competencia. Solo es mi opinión de cómo juega.

Fue un tsunami, y hasta comenzaron a circular nombres de los posibles reemplazantes. “Cuando me enteré de lo que pasaba -reconstruyó Bilardo en su libro Doctor y campeón- me reuní con dos periodistas, Adrián Paenza y Enrique Macaya Márquez, y me hicieron dos reportajes con Víctor Hugo Morales y José María Muñoz. Dije que un gobierno democrático no puede conseguir sus objetivos mediante la fuerza”.

El propio Bilardo, en el libro El Partido Argentina-Inglaterra, de 2016, dijo además que ya estaba advertido:

-Yo me entero de que me querían echar porque tenía todo hablado con los taxistas y los mozos. Conocía a los taxistas de las paradas más importantes, las de Retiro, Constitución, Aeroparque y los hoteles cinco estrellas. La gente habla en los taxis y se piensa que los choferes son sordos. También tenía hablado a los mozos de seis o siete restaurantes, del Centro, de Recoleta y enfrente del Congreso.

La conjura, sin embargo, se convertiría en un boomerang que decapitaría a los confabuladores y en cierta forma despertaría a Maradona del letargo en el que hasta entonces parecía estar sumido. Fue entonces cuando por primera vez ejerció como guía del plantel: desde Italia -jugaba en el Nápoli- salió en defensa del técnico que le había concedido la capitanía y sentó las bases de un caudillaje que, ya en México, trasladaría a la cancha.

-Si tocan a Bilardo, nos vamos todos. Que se busquen también otros jugadores y un nuevo equipo-, amenazó en radio Mitre el domingo 13 de abril, es decir, 72 horas después de la entrevista de O’Reilly en Tiempo Argentino, y ya a 50 días del debut de Argentina en el Mundial, que sería el 2 de junio ante Corea del Sur.

También el presidente de la AFA, Julio Grondona, absorbió presiones, respaldó a Bilardo y a cambio tuvo injerencia en la lista de futbolistas que jugarían el Mundial. El técnico lo aceptó. Don Julio impuso a dos jugadores que le garantizarían estabilidad en el humor popular, el ídolo de Independiente, Ricardo Bochini, y el 10 de Boca, Carlos Tapia.

Como Bilardo igual temía otro complot, apuró la salida del país como si fuese un fugitivo: la selección viajaría otra vez a Europa para jugar un par de amistosos y desde allí, sin regresar a la Argentina, iría directo a México. “Muchachos, en la valija pongan un traje y una sábana. El traje lo usamos cuando bajemos del avión con la Copa. La sábana por si perdemos y tenemos que irnos a vivir a Arabia”, les dijo a sus jugadores. Salieron desde Ezeiza el sábado 26 de abril, es decir 37 días antes del debut en el Mundial.

-Me querían echar. ¿Quién? ¡Puf, el país! Por eso me tomé el avión -recordó Bilardo-. A mi hija le tuvieron que cambiar el apellido en el colegio. Ya no era Daniela Bilardo, era Daniela no sé cuánto. En nuestra casa pusimos el cartel de venta para confundir y que dejaran de tirarnos piedras. Mi mujer y mi hija se mudaron a lo de mi suegra, y yo me fui a una quinta que tenía en Moreno.

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La primera parada fue Oslo para jugar contra Noruega. Argentina perdió 1 a 0 y en Buenos Aires se reanudaron las operaciones del Gobierno para echar a Bilardo. -Llamamos a Grondona, que estaba en Suiza, en la FIFA -recordaría luego O’Reilly-. Le dije: ‘Julio, la gente por la calle me dice échelo a Bilardo, esto no se banca más’. Grondona me respondió: ‘Dedicate al rugby que de fútbol no sabés un carajo’, y la verdad tenía razón. Pasa que cada vez que me encontraba con Alfonsín, en asados o donde sea, me apuraba: ‘¿Y, lo rajaste?’. Yo estaba en el medio-.

Ya con Argentina despachando rivales en el Mundial de México, el gobierno quedó atrapado por ese intento de despido en las semanas previas al torneo. En especial, el propio secretario de Deportes.

-Terminó el partido con Inglaterra -contó O’Reilly-, lo llamé a Oscar Muiño, subsecretario de información pública, y le dije: ‘Oscar, no puedo comerme este garrón. Quiero decir que este equipo juega bien, que es otro equipo del que jugaba mal’, y me responde: ‘Decilo, entonces’. Mandé un telegrama a México diciendo que, más allá de mis afirmaciones en la etapa previa al

La historia, está claro, terminó con el Mundial ganado por Argentina y la selección en la Casa Rosada. Alfonsín recibió a los jugadores al día siguiente de la final ante Alemania Federal y les cedió el balcón a los jugadores y al técnico. Como si fuera un autocastigo, el presidente no se sumó a festejar con la Copa de cara a la gente que gritaba en Plaza de Mayo. Bilardo y Maradona habían ganado.

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